En el mar la vida no siempre

 

es del color que la pinta el

refrán… a menos que tengas

la suerte de ser una

tortuga golfina, de la especie Lepidochelys

olivacea, y que la suerte —el

azar— o las condiciones oceanográficas

y meteorológicas, o una combinación

de todas ellas —lo que si eres

estudiante o investigador del posgrado

en Hidrometeorología del Centro

Universitario de Ciencias Exactas

e Ingenierías en Guadalajara (CUCEI),

estarás interesado y encantado

de estudiar— te hayan llevado a

depositar tus huevos en la arena del

playón de Mismaloya, en el campamento

La Gloria del municipio de

Tomatlán —y si eres estudiante o

investigador del Departamento de

Estudios para el Desarrollo Sustentable

de Zonas Costeras del Centro

Universitario de la Costa Sur (CUCSUR),

seguramente no pasará un día

sin que hayas vigilado los nidos—.

Para tortugas, hidrometeorólogos y

biólogos, estar en La Gloria representa

una oportunidad única en la

vida por diversas razones, como veremos

a continuación.

         

 

     Este campamento fue instalado hace 25 años, y es ahora el que mayor

número de nidos colecta en el ámbito nacional:

Desde hace casi 20 años, José Antonio Trejo Robles y Rosa Estela Carretero Montes, investigadores del CUCSUR, llevan a cabo un trabajo de vital —palabra nunca mejor empleada— importancia para la conservación de la tortuga golfina.

          Tan sólo para la temporada pasada (2008), gracias al esfuerzo de cientos de personas coordinadas por ellos, entre las que se incluyen estudiantes, miembros de la cooperativa pesquera La Cruz de Loreto y habitantes de la comunidad, un total de cuatro mil 612 nidos, con 446 mil 200 huevos y 325 mil 109 crías fueron liberados al mar.

 

 

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